Tercera función :)

26.

El último sábado de mayo.

Tercera función de Lame Vulva.

No sé por qué, pero todavía no logro sacarme cierto nerviosismo previo a la función: me pregunto cuántos y quiénes vendrán; si habrá algo que se me esté escapando; si en todo anda bien abajo; etc, etc, etc… Si me pongo a pensar, no tengo motivo alguno para estar nervioso, pero creo que es parte de mi ritual como director, estar atento aún a aquello que en realidad no es de mi incumbencia.

Sea como fuere, la media hora previa a la función mi recorrido es más o menos así: veo a los actores; salgo al hall; voy a planta baja; salgo a la puerta; subo a planta alta; tomo aire; chequeo luces; veo a los actores… y así, hasta que algo me dice que todo está, o que ya es la hora de dar sala.

Sea como fuere, siempre llegan las 19:55, y como siempre a esa hora damos sala para que los que están esperando en la escalera se acomoden en sus asientos, y podamos arrancar en punto, ni bien llegan los últimos rezagados… y al menos al día de hoy, aún cuando esperamos un par de minutos más de lo debido, aparece alguien más que quiere entrar.Y encima, es altamente probable que te vean ubicándote en el espejo...

Acá, hagamos una pequeña aclaración: aunque quisiéramos que todo el mundo entre cuando llega; la realidad de las cosas es que una vez que ha comenzado la función es prácticamente imposible hacer que alguien ingrese y se siente donde originariamente se iba a sentar debido a las cualidades del espacio. Entonces pasa que llegan uno, dos, tres… ¡cuatro! con la obra ya empezada, y tenemos que hacer un tetris humano para meterlos aunque sea parados… y a los 5 minutos aparecen dos más que, salvo que los pongamos a upa operando la consola de luces, no hay manera alguna de hacerlos entrar y darles un lugar…

Y así, con todas estas cosas que van pasando, sacamos de la entraña la tercer función.

Una función con momentos bastante fuertes e intensos, y que algunos de ellos resonaron hasta en mí, que estoy sentado al fondo, lejos de todo, y ya acostumbrado y sabiendo qué es lo que sucede.

Al final tuve la oportunidad de charlar con algunos espectadores, y saber su opinión; en algunos casos inmediata, y en otras mediada por un pucho, como para bajar un nudo que se había formado adentro, en lo más profundo.

Qué maravilloso que es esto del teatro, cuando una historia ajena, realizada por cuerpos desconocidos resuena con bestial realidad en uno; cuando se deja de ver una ficción, y se pasa a descubrir otra cosa… tal vez un espejo deformado de la propia historia, o un miedo escondido, vaya uno a saber.

Qué bella que es esta alquimia que se logra en escena, y qué bello que es poder compartirlo, aún cuando esta alquimia decante en gargantas cerradas y pechos apretados.

Qué bueno transmutar carnes y almas.

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